La Pasión, hoy

Frente a un tema tan trillado en formato cinematográfico como es la pasión de Jesucristo, no queda sino dos opciones: o renovar nuestros votos de beatonas tristes durante las dos horas que dura la película o reafirmarnos en la necesidad de cambiar las estructuras que sostienen el mundo para el resto de nuestra vida. Según el director, el motivo que le impulsó a dirigir esta versión de la pasión no fue otra sino la de devolvernos los verdaderos valores cristianos. Aceptable, pero ingenua intención. Jesucristo fue delatado, torturado y ejecutado sin que mediara un juicio justo. Los intereses políticos y religiosos, el miedo a la verdad, el temor a perder un poder heredado a fuerza de violaciones y mentiras hicieron posible tal desenlace.
Lo curioso es que la situación ha cambiado muy poco. Mel Gibson hubiera quedado mejor si, en vez de situarse a las puertas de lo divino, hubiera puesto el acento en la injusticia humana. Al fin y al cabo de eso se trata. ¿o no? Sólo así se hubiera evitado los sufrimientos de los espectadores que, por otra parte, contemplan impasibles cómo en la actualidad, sin irnos muy lejos, se viola diariamente los derechos más elementales. Porque hoy se continúa torturando, mutilando y violando de la manera más atroz y sangrienta, llegándose a la muerte bajo custodia. ¿Cuántos presos de conciencia o políticos han sido ejecutados sin juicio? ¿Qué diferencia hay entre los soldados romanos y los escuadrones de la muerte en Brasil? ¿Es que nadie ha logrado percibir cómo entre los subtítulos de la película se podían leer nombres como Guantánamo, Angola, Bangladesh, Guatemala, Somalia y un sin fin de lugares más donde hombre, mujeres y niños están siendo víctimas de torturas?
Lo que a uno de estos hagáis, a mí me lo estáis haciendo, dicen los evangelios. Dejemos a un lado esta ceguera timorata y sensiblera que se estremece ante el dolor que produce las imágenes de la pasión de Cristo y afrontemos de una vez que, de haber vivido hace dos mil años, bien podríamos haber estado entre la chusma gritando el nombre de Barabás también.
Como dijo León Felipe en su obra El payaso de las bofetadas:
" El espíritu es justicia. Y la justicia es amor, generosidad, caridad. El hombre prometeico y Cristo, aquí solo y erguido, con todo su dolor sobre los hombros, como una piqueta con la que viene a cavar en las estrellas hasta arrancarles su secreto, no es más que caridad. ¡Caridad! ¡Caridad! Si yo no tengo caridad, habrá muchos hombres que no tengan nunca nada, y mis riquezas inagotables no podré repartirlas jamás entre los humildes. Porque si yo no las reparto, ¿quién las va a repartir? ¿Qué ley, qué poder, que autoridad en el mundo me va a arrancar a mí del pecho, si yo no quiero, este diamante que me sobra?
La justicia es amor. Y nada existe que tenga más valor sobre la Tierra. La justicia es amor. ¡Amor! Lo que origina, organiza y hace caminar al mundo."
Si esto no se comprende, toda la Pasión de Jesucristo habrá sido en vano.
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Victoriano de 2Dmanjon -